Prosa

2013-08-20 20.22.57

Aparcas el coche en una playa salvaje de Iparralde, en un hueco entre dos coches, un hueco que no te termina de dar buena espina porque todo el arcén de la carretera está lleno de coches y es el único que está libre ahí, en medio, solo, pero como tienes prisa por bajar a la playa y no hay ningún cartel de prohibido, aparcas.

Pasas la tarde en la playa, hace un tiempo increíble, el agua está a la temperatura perfecta, un poco fría pero así es mejor.
Toca marcharse ya son las 20:30, recoges, y subes hacia el coche, y ves que solo hay un coche aparcado ya en el arcén, todos los demás se han marchado, ya es tarde, en iparralde los horarios son otros, además es lunes, el verano ya está acabando. Y piensas, mi coche tiene que estar detrás de ése, que encima está arrancando, jo! el último ya.
El último coche arranca y Tachan! tu coche no esta.
Bien, viva, fiesta, gora euskadi!

Ya decía yo que no me daba buena espina el aparcar ahí, pero a toro pasado… Total que decido andar buscando alguien que me pueda explicar lo que ha pasado con mi coche, el cual todavía no se si ha sido robado, se lo han llevado los gendarmes o que cristo.

Veinte metros más adelante veo una verja grande con dos mujeres dentro vestidas con atuendo de jardinería haciendo sus labores. Me acerco y les pregunto amablemente si saben qué ha podido pasar con mi coche, una de ellas se acerca y me explica que la policía ha estado un buen rato esperando al lado del coche y que es un paso de caballos, que se lo han llevado.

La mujer es una mujer negra de unos 50 años sin ojo ni nariz, lleva un apósito gigante que le tapa el hueco del ojo y otro más pequeño que cubre parte de lo que le queda de nariz. La verdad es que la primera impresión es algo impactante pero la mujer es un autentico milagro con patas, me explica lo sucedido, me dice que llame a la gendarmería, al final se da cuenta de que no soy francés y decide llamar ella, habla con los gendarmes y nos dice que nos va a acercar hasta allí que andando es un trecho. Sube, habla con su amiga, se cambia de botas y nos hace montar en su coche lleno de cosas, en el camino se ríe de los españoles, “C’est toujour des espagnols” son siempre españoles, dice, porque de camino a la gendarmería encontramos un coche que va lento y titubea en los cruces. Nos reímos, tiene una asociación de cooperación internacional Congo-Euskadi, nos habla de ella y nos dice que estamos invitados, nos deja en la puerta de la gendarmería deseándonos buena suerte y buenas tardes.

Bien, perfecto, según ha dicho la mujer el coche está en la gendarmería, tendré que pagar una multa y me llevo el coche, todavía es pronto, así que para cenar ya estoy en casa.
Entramos en la gendarmería, un lugar siempre siniestro, con aspecto de hospital pero con policías en lugar de médicos y enfermeras, es decir, de película de terror.

Nos atiende una gendarme, una mujer gendarme, muy altiva, con una mirada reprobatoria. Me explica que el coche estaba mal aparcado, y me dice que en españa es igual, que no tengo excusa, yo le digo que no había ninguna señal de prohibido y que por eso había aparcado. Ella responde diciéndome, si, en españa es obligatorio señalizar las prohibiciones pero aquí no. El trato es frió, escueto, como si fuera un criminal. Nos dice que el coche está en un deposito, que tengo que firmar unos documentos que acreditan que asumo el montante de la multa que me será remitida por correo postal, unos 35 euros de multa y que si quiero recoger el coche del deposito, de un deposito privado que se encuentra en la otra punta de Donibane Lohiztun tengo que llamar a un numero de teléfono, y que el importe por retirar el coche asciende a 115 euros aproximadamente. Con esto y un bizcocho me dejan tirado, y se miran entre ellos con mirada jocosa, son muy simpáticos los gendarmes. Y menos mal que hablo francés, porque quisiera saber como saldría del apuro alguien que no entiende ni pijo de lo que está ocurriendo, que es más o menos lo que me estaba pasando a mi.

Llamo por teléfono al numero que me han dado con la esperanza de acercarme hasta el deposito y poder recuperar el coche par poder por fin volver a casa. Me atiende un caballero con voz rasgada y me dice que está desbordado de trabajo, que no me puede atender y que sintiéndolo mucho tendré que volver mañana a recoger el coche. Seguimos hablando e intento persuadirlo para que por favor haga cuanto pueda por enviar a alguien que pueda abrir el deposito para poder recoger mi coche. Que estamos totalmente colgados y que necesitamos el coche.

El mecánico no cede, y me dice que lo único que puede hacer es pedirme el teléfono y llamarme desde ése mismo instante en adelante en cualquier momento de la noche hasta mañana en el caso en el que se acercara al deposito para que pudiera ir a recoger el coche. Es decir, mierda puta, pinchada en un palo, y atada a un teléfono, es lo que me estaba diciendo.
Tirado en Donibane, sin coche, sin saber si iba a poder recoger el coche, si volver a casa haciendo dedo…

Decidimos ir hasta el deposito, que estaba a media hora andando más o menos, pero la verdad es que después de ver los putos carteles de Carrefour 1 minut, que acababan siendo 10 minutes, me dí cuenta de que en francia el espacio-tiempo se rige por otras leyes metafísicas, tout va bien.

Finalmente, ya ha anochecido y hemos llegado hasta el deposito, ha sido una apuesta a todo o nada, ir hasta allí y llamar desde allí mismo esperando que suene la flauta, si nos abren, nos atienden, nos dicen que sí, que pueden atendernos perfecto, sino, el camino de vuelta será más largo porque el deposito está justamente en la otra punta de la ciudad.
Llamo y vuelvo a hablar con el mismo caballero de la voz rasgada que me pregunta donde estoy y si tengo tarjeta de crédito, le digo que estoy en la puerta del deposito y que si, que tengo tarjeta. Y me dice que en cinco minutos están allí. Hijos de puta, menudo negocio… Este estaría en su casa en el sofá y hasta que no nos hemos plantado en la puerta del deposito no ha movido un dedo. Menudo chanchullo, evidentemente si hubiera dejado el coche toda la noche en el deposito el montante final se hubiera disparado. Bueno ése es otro tema.

Total que el mecánico, viene, nos abre, nos cobra, y ya le costó al señor cobrarme, y abrió el portón, el portón donde guardaba todos los coches, todos ésos coches de toda ésa pobre gente como yo, a quienes les habían secuestrado el coche, para luego pedirles un rescate.

Recogimos el coche, buscamos un garito, cogimos algo para cenar, unas cervezas y cenamos en la corniche. Hablamos de política viendo las estrellas, que por cierto se veían con total nitidez, el cisne, el águila, la lira, virgo, leo…
Fue nuestro pequeño homenaje después de la odisea, llenar el estomago y discutir de política hasta que nos sudaron las manos.

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