Soleá

​La soledad.

Como concepto político, una vez habiendo renunciado a la situación del binomio. Ya no hay más salida que la de la asunción. 
Productos de consumo acumulados en dosis pares, raciones pares, anuncios para parejas, realidades sobre parejas que anuncian bienes para consumir en pareja, con cómodos dosificadores, blíster y envoltorios con alimentos, refrescos y situaciones pares. La realidad se impone par, se repite par y se difunde par, como un anuncio con trastorno obsesivo compulsivo que trata de hechizar con un mantra acompasado en clave de sol, latido, timbal y redoble final. 

Todo es por y para, es par, desplazando el numero primo al arrabal, al extrarradio de lo aberrante, el nones; ese que no encaja en esta fórmula magistral. 

No es par, genuino dicen, pero no saben que todos los productos que se ofrecen dejan un residuo fantasma sin llenar. Que esas cómodas raciones, viajes, productos tienen un excedente que quedará ausente, ofrenda para altares pequeños de postal, con velas robadas en iglesias, o en un bar.

Por eso reivindico el número primo como concepto político, la soledad, asunción de la capacidad de ser aberrante después de la catarsis, obligada, tras reconocer que no ser parte es un derecho, a la imposición, añorada de ser parte, de un binomio que no llega, o sí, quien sabe. Pero mientras tanto seré primo, impar, un ciudadano que no se ajusta al sistema.
Escritura automática…. Impar

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